
Cómo el Banco de Tierras de Vega Baja está transformando la vivienda asequible en Puerto Rico
La rehabilitación de la primera casa en venta bajo este modelo en Puerto Rico se hizo gracias a una línea de crédito de $75 mil
VEGA BAJA— Cuca trató de explicar dónde quedaba la casa: “Cerquita de la alcaldía, directito, derechito, por un callejoncito…”. Cuando se percató de que no la entendía, sugirió “lo que usan los jóvenes” para las direcciones. Así, la aplicación de mapas en el teléfono me llevó por farmacias, floristerías, colmados y estaciones de lotería en las aceras, aledañas a la plaza pública.
Por esas calles, se ubicaba una casa de cemento recién pintada de blanco. Al entrar, el eco del interior sin muebles amplificaba el entusiasmo de Cuca, líder comunitaria. Como parte del Consejo Asesor Comunitario del Banco de Tierras de Vega Baja, Cuca forma parte de un movimiento para proveer vivienda asequible en Puerto Rico. Lo que hace unos meses era un estorbo público hoy es una casa renovada con opción a compra por un joven oriundo del municipio.
“Mira esto, nada más es verlo. Es esperanzador”, dijo Cuca, cuyo nombre de pila es María Nieves, acompañada de la abogada del Centro para la Reconstrucción del Hábitat (CRH), Susana Pesquera.

La rehabilitación de la primera propiedad en venta bajo el modelo de bancos de tierras en Puerto Rico se logró, en parte, con una línea de crédito de $75 mil que gestionó el CRH. Esta gesta surge ante las condiciones restrictivas impuestas por las instituciones financieras tradicionales para otorgar préstamos a organizaciones sin fines de lucro, según Pesquera.
A través del Código Municipal de 2020, CRH impulsó la creación de los bancos de tierras, entidades públicas o semipúblicas que adquieren propiedades en desuso para atender las necesidades de la comunidad. Además de Vega Baja, los municipios de Hormigueros, Guánica y Adjuntas cuentan con corporaciones activas.

La expectativa de CRH es que los bancos de tierras de Vega Baja y Hormigueros —los más adelantados— vendan sus primeras viviendas este año.
El deseo de permanecer en Puerto Rico
Aunque los bancos de tierra llevan relativo poco tiempo funcionando en Puerto Rico, este modelo ya existe en otros lugares y ha demostrado ayudar a las personas a permanecer en sus comunidades.
De hecho, cuando el Fondo CRH ni siquiera se había creado, la organización llevó a un grupo de 11 alcaldes y representantes municipales a visitar Cleveland (Ohio). El Banco de Tierras de Cuyahoga, en ese estado, cuenta con una trayectoria de 17 años, durante los cuales ha reducido en un 85% la cantidad de propiedades abandonadas en el condado mediante una combinación de demolición y renovación, según su presidente, Ricardo León. Hasta la fecha, han demolido casi 11,000 propiedades, renovado 2,700 y construido 250 viviendas nuevas.
Uno de sus mayores triunfos frente al desplazamiento tuvo lugar en Clark-Fulton, un barrio hispano —históricamente habitado por puertorriqueños—. En 2018, el hospital público del vecindario anunció una inversión de $1.2 mil millones en su recinto. De la noche a la mañana, los precios de la vivienda se dispararon de $20,000 a $100,000, contó León. En colaboración con la Organización de Desarrollo Comunitario (CDO, en inglés) de Metro West y Hábitat para la Humanidad, el banco de tierras construyó más de 65 viviendas asequibles para la compra y 200 para el alquiler, explicó León, quien en aquel momento era el director ejecutivo de la CDO de Metro West.
“Hemos conseguido que nuestra comunidad permanezca en una zona en la que, históricamente —desde hace unos 50 años—, ha vivido”, celebró León, cuya familia emigró de Puerto Rico cuando él tenía dos años y desde entonces ha residido en Cleveland.
La líder comunitaria Carmen Otero quiere ese resultado para su ciudad natal.
“La intención nuestra es repoblar nuestro pueblo. El compromiso es ese. Ver tanta gente con la necesidad de tener casa y ver tantos estorbos públicos, incentivó a que metiéramos mano”, dijo la líder comunitaria Carmen Otero, quien conoce bien el pueblo, pues su primer llanto brotó en estas calles a finales de 1950, sostenida en los brazos de la comadrona.
En los últimos diez años, Vega Baja ha perdido un 3% de su población, un poco menos que la reducción demográfica del 4% que ha experimentado Puerto Rico durante el mismo periodo.
La creación del Fondo CRH
Ante el escaso capital para arreglar y vender propiedades a personas de ingresos bajos o moderados, el director ejecutivo del CRH, Luis Gallardo, encontró que ciudades en Estados Unidos, como Atlanta, recurrían a la creación de Instituciones Financieras para el Desarrollo Comunitario (CDFI, en inglés). Las CDFI son entidades que el gobierno federal certifica para proveer préstamos y servicios financieros accesibles a comunidades desatendidas.

Aunque en el archipiélago hay 81 cooperativas de ahorro y crédito, junto a otros tres fondos certificados como CDFI, ninguno atiende exclusivamente el abandono de propiedades. El Fondo CRH sería el primero, si consigue la aprobación del Departamento de Hacienda de Estados Unidos.
Al momento, el Fondo CRH ha sumado $1 millón en subvenciones, que incluyen $500 mil de la National Association for Latino Community Asset Builders (NALCAB), $250 mil de PolicyLink, $200 mil del Federal Home Loan Bank of New York y $50 mil de la Hispanic Federation. El Departamento de Vivienda federal de Estados Unidos también le otorgó $100 mil del programa Sección 4, que capacita a organizaciones sin fines de lucro para invertir en vivienda asequible.
Deepak Lamba-Nieves, director de Infraestructura e Iniciativas Estratégicas de Puerto Rico en PolicyLink, apuntó que, en cuanto a las viviendas en desuso, algunos alcaldes se han inclinado por subastar las propiedades y establecer contratos de compraventa, lo que provee fondos a corto plazo.
“A largo plazo, no ayuda a resolver un problema real y complejo, que es cómo se logra proveer vivienda asequible a perpetuidad... La solución de los bancos de tierra resulta ser innovadora. El CRH ha ido paso a paso identificando no solamente la necesidad, sino también las soluciones técnicas claves para poder hacerlo realidad. Ha sido sumamente aleccionador”, comentó Lamba-Nieves, en entrevista con 9 Millones.
Gallardo abundó que típicamente a las instituciones bancarias les gusta quedarse con productos de bajo riesgo, como el préstamo hipotecario asegurado por la Administración Federal de Vivienda (FHA, en inglés) o la hipoteca a 30 años. Además, tienden a tener un interés muy costoso, mientras que el Fondo CRH ofrece préstamos con 0% de interés, con el propósito de viabilizar los bancos de tierras, aseguró el licenciado.
Más allá del financiamiento, uno de los principales retos que han identificado es el tiempo que toma completar una transacción, sobre todo, cuando los compradores participan de programas de asistencia del Departamento de la Vivienda. Según Gallardo, algunas casas han estado esperando seis meses para completar el cierre de ventas debido a los requisitos que tiene el gobierno de Estados Unidos para desembolsar fondos de la Subvención en Bloque para el Desarrollo Comunitario de Mitigación (CDBG-MIT). Ese ha sido el caso en Vega Baja donde un joven aceptó la opción de venta para la casa blanca de cemento en el casco urbano. Allí la Junta de Directores del banco de tierras estableció como requisito que el comprador sea un beneficiario del programa Pronto pa tu casa, que brinda hasta $45,000 por cada hogar elegible. Pesquera apuntó que priorizaron a beneficiarios de ayudas económicas, ya que suelen ser poblaciones discriminadas por los arrendadores.

Como alternativa a mediano plazo, los bancos de tierras y municipios están en conversaciones con diferentes cooperativas, tratando de crear un producto que pueda funcionar para asistir a las familias de bajos y medianos ingresos para que puedan comprar y rehabilitar las viviendas de los bancos de tierra.
El banco de tierras de Vega Baja cuenta con 11 propiedades, cedidas por el municipio tras haber sido adquiridas principalmente por medio de expropiaciones, un poder que pueden ejercer sobre propiedades privadas que estén abandonadas o que interfieran con obras de utilidad pública como carreteras. Dos de los estorbos públicos se venderán en sus condiciones actuales para sumar capital que permita transformar el resto de las viviendas en opciones asequibles, indicó Pesquera.
Un esfuerzo colaborativo
Aunque tasar la primera vivienda ha tardado unos cinco meses, los vecinos ya se benefician. Según Otero, rehabilitar el estorbo público ha brindado mayor seguridad para la calle, donde residen adultos mayores, además de evitar plagas y contaminación, mejorando así la calidad de vida en la comunidad e incentivando el pase generacional en la zona.
Como consecuencia, el entusiasmo por mantener al municipio libre de estorbos, seguro, limpio y con vivienda accesible incrementó en el vecindario de Cuca, quien vive en una comunidad con tres estorbos públicos.
Ambas líderes son voces cantantes de las necesidades comunitarias y presumen al municipio como aliado. Por eso, consideran que cada administración municipal debe hacer el trabajo de reunir a las comunidades y, en conjunto, crear un directorio de casas abandonadas. “Si el gobierno está en esa disposición, yo creo que todos los municipios podríamos hacer algo más”, estableció Otero.

Por su parte, Verónica Bruno —quien es el enlace entre la comunidad, el CRH y los estorbos públicos de la administración municipal— se expresa motivada por el compromiso de la Junta Directiva y sus ganas de que cada persona tenga la oportunidad de un canto de tierra en el archipiélago. “Yo veo su dinámica cuando estamos en las reuniones o veo el interés que tienen con su comunidad... Ellas siempre están bien pendientes a todos”, dijo Bruno sobre las líderes comunitarias.
Así Cuca recoge el sentimiento que sostiene al banco de tierras y a sus voluntarios: “Amo este pueblo porque mis cuatro hijas nacieron aquí. Tengo a mis nietos también, y quieren vivir en Vega Baja. Quieren quedarse en Puerto Rico”.
Aunque está por verse a cuántos hijos y nietos vegabajeños podrá alojar el banco de tierra comunitaria, las vecinas celebran que pronto un joven menos tendrá que preocuparse por si debe quedarse o emigrar a Estados Unidos.
Alexandra Acosta Vilanova es una periodista independiente que trabaja en el cruce de la literatura, el teatro y el periodismo.
La periodista Laura M. Quintero, editora jefa de 9 Millones, contribuyó con la edición.



