
Cómo el cine comunitario crea historias más inclusivas en Puerto Rico
Una productora de cine cuir, una organización de base y un laboratorio académico en Puerto Rico comparten prácticas participativas para hacer cine comunitario
Los planes cambiaron inesperadamente mientras la casa productora Filmes Casa documentaba el quinto Hustleween, un baile que celebró y recaudó fondos para personas transmasculinas en Puerto Rico. En vez de dos días de filmación, tendrían solo uno. El equipo de producción pidió apagar las cámaras a las 10 horas de rodaje en el evento de la red transfeminista Espicy Nipples. Asegurar límites al tiempo laboral es una de las prácticas que Filmes Casa ha adoptado para crear un espacio saludable en la industria del cine. Sin embargo, el grupo estaba tan motivado que siguió grabando. Al finalizar la jornada maratónica, hasta se unieron al baile.
Prácticas tan simples como incluir al equipo de producción en la planificación del filme y proveer espacios para que expresen su opinión son atípicas en los rodajes tradicionales. “A veces, estás 12 horas en un espacio donde nunca hablaste porque no hay espacio para ti, para que tú hables”, mencionó Yarelmi Iglesias Vázquez, quien trabajó como sonidista para Hustleween, y pidió ser identificada en adelante como Yare. Este enfoque en procesos participativos es eje del cine comunitario, una práctica de cine que amplifica las voces olvidadas y silenciadas.
En Hustleween, Filmes Casa destacó las historias cuir más allá de sus traumas y sufrimientos. “Todo el mundo estaba bien puesto para trabajar desde otro lugar; desde un lugar real en que sí dolemos, pero también gozamos y sentimos euforia, en contraste a toda la disforia que puedo sentir en otros espacios”, expresó Yare en videollamada. El corto lleno de baile, música y pasarela ganó el premio del público en festivales celebrados en Nueva York y Puerto Rico. Según Yare, el público sintió la energía con que se trabajó el documental porque “nosotres también estábamos sintiendo esa euforia mientras hacíamos el proyecto”.

Yare representó a Filmes Casa en el Primer Junte sobre Cine Comunitario en Puerto Rico, que se celebró, a principios de 2025, en Casa Pueblo (Adjuntas). La sede del junte es un proyecto de autogestión comunitaria conocido mundialmente por sus luchas pro justicia ambiental, que también inauguró un Cine Solar tras la pandemia. Allí, cineastas, académicos y miembros de organizaciones de base reforzaron la necesidad de apoyar las prácticas de cine comunitario, para así reparar y visibilizar historias excluidas de relatos oficiales e institucionales.
Las reflexiones de las 20 organizaciones y sobre 30 participantes se integraron a un informe, que arroja luz sobre este fenómeno en el Caribe.
¿Qué es el cine comunitario?
El cine comunitario nace de la necesidad de comunicar sin intermediarios, según el escritor, cineasta y periodista boliviano Alfonso Gumicio Dagrón. En el informe producido como parte del proyecto “(De)colonial Ecologies in 21st-century insular Hispanic Film” de la Universidad de Newcastle (Inglaterra), se resume como “un cine hecho por o con la comunidad, sobre temas de interés a la comunidad, y para el beneficio y/o disfrute de la comunidad”. El proyecto analiza y compara películas de las Antillas Mayores que visibilizan la justicia social y ambiental, y cómo están atravesadas por el colonialismo.

La investigación amplía la concepción original sobre el cine comunitario, para incluir las colaboraciones entre miembros de la comunidad y profesionales del mundo audiovisual, organizaciones no gubernamentales, asociaciones profesionales y laboratorios de investigación universitarios. El documento se nutrió de las distintas variantes de cine comunitario que se debatieron en el encuentro facilitado por las investigadoras Dunja Fehimović y Cecilia Sosa. Además, examina cómo el cine comunitario puede generar cambios positivos.
El informe sobre el cine comunitario en Puerto Rico está abierto a recibir comentarios, a fin de continuar expandiendo las conversaciones con comunidades y cineastas, para fomentar estas prácticas.

“Si nosotras no lo hacemos, nadie lo va hacer”
Las comunidades que han sido estructuralmente marginadas necesitan ser autónomas. “Nos toca ser autogestionados con todo”. El artista multidisciplinario Hery Colón Zayas reflexionó que lo mismo aplica tanto al cine como a asuntos de salud pública y contaminación ambiental. Oriundo de Aguirre, un barrio en Salinas, Colón Zayas cofundó la Casa Comunitaria de Medios, una organización que comenzó haciendo cine comunitario en ese pueblo, pero que se ha expandido a manejar una galería de arte, ofrecer recorridos históricos y celebrar encuentros culturales. A través de todas estas iniciativas, rescatan y comparten sus historias con el fin de “construir vida desde ahí”.
El grupo ha comprobado que crear espacios de diálogo sin jerarquías ha sido vital para que las personas valoren su historia. Colón Zayas explica que es un reto convencer a sus contemporáneos de que “su historia es igual de importante que la de los cuatro bostonianos que migraron a hacer la comunidad,” refiriéndose a los hacendados que fundaron Aguirre como un poblado industrial.
La Casa Comunitaria de Medios recurre a los perfiles en video como un recurso para rescatar esas historias de la comunidad. El proceso de producción es igual de importante que la historia en sí misma, dijo Colón Zayas. Recordó, por ejemplo, cómo Wendy León Vázquez —o “Lula”, como la conocen en el barrio— accedió a la entrevista luego de varios encuentros cotidianos en los que él le enfatizó la importancia de contar su historia. Tras la grabación, le mostraron los primeros cortes para que ella diera su insumo durante el proceso de edición. Cuando le pidieron pietaje de su papá, le explicaron por qué querían mostrarlo y no le exigían ciertos formatos.
“Estas son tus memorias. Vamos a ajustarla a lo que tenemos porque este es tu espacio. Este es tu video. Esta es tu historia”, planteó Colón Zayas.

El reto, como sucede con todo lo comunitario, es la precariedad: no ser dueños del propio tiempo. “El espacio de converger se limita porque hay una incertidumbre, por ejemplo, la gente trabajadora; hay una incertidumbre de cuándo tienes trabajo y cuándo no”, reconoció el rapero, en cuyo pueblo los trabajos escasean, por lo que la gente debe trasladarse a distintos sitios. Sin embargo, los recursos escasos no les ha detenido de experimentar.
Crear modelos y compartir aprendizajes
Además de casas productoras y grupos de base comunitaria, las prácticas de cine comunitario compartidas durante el encuentro abarcan proyectos investigativos de base académica con sede en instituciones universitarias. Un ejemplo de esto es el Laboratorio de Historia Oral en el Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, dirigido por Ricia Anne Chansky y Jaquelina E. Álvarez.
El laboratorio comenzó después del huracán María, en 2017, con una asignación opcional para que los estudiantes procesaran su experiencia. “Cada uno de los estudiantes entregó su asignación en papel escrito con lápiz o bolígrafo porque no había electricidad, y yo los leí a la luz de una vela”, recordó Chansky. Eso le inspiró a comenzar un proyecto de historia oral que documentara las secuelas de la crisis ambiental y política.
“Todo lo que Jackie y yo hacemos está enraizado en el salón de clases y en brindar oportunidades para que nuestros estudiantes sientan que tienen agencia, que comprendan que su voz importa y que entiendan que cuando realizan una entrevista y esta se preserva en la biblioteca o se convierte en parte de una película, están construyendo el cambio”, explicó Chansky, quien es profesora de Inglés.
Durante la pandemia por COVID-19, ambas académicas obtuvieron una beca que les permitió formalizar el laboratorio para continuar documentando y preservando historias. El trabajo, opinó Álvarez, promueve la autonomía de las personas cuyas historias están siendo documentadas, a diferencia de mediadores institucionales que tradicionalmente deciden cómo se preservan y presentan las historias en las bibliotecas o archivos.
"Respetamos cómo las personas desean ser identificadas o si prefieren el anonimato. También, reconocemos que los individuos pueden cambiar de opinión en el futuro. Siguiendo prácticas decoloniales, la persona que narra su historia mantiene la propiedad de su relato; por lo tanto, respetaremos siempre los deseos de quien concede la entrevista”, explicó Álvarez.
Sin embargo, un modelo de producción participativo trae el reto de balancear los tiempos de la universidad, los financiadores y la comunidad. Chansky y Álvarez han aprendido, por ejemplo, que es beneficioso dar referencias y ejemplos a sus colaboradores de cómo el laboratorio puede aportar a su comunidad.
El laboratorio tiene la misión de convertir estas experiencias en un modelo no extractivista de producción e investigación. Por eso, comparte estrategias a través de presentaciones y publicaciones. Entre las herramientas que han desarrollado, está “Un Marco Ético para Entrevistar en la Secuela de un Desastre”.
Las personas entrevistadas coincidieron en la necesidad de compartir aprendizajes, para sostener el cine comunitario a largo plazo. Como autodidactas, Colón Zayas y Yare han aprendido desde la experiencia propia. Adquirir estas técnicas y peritaje les ha costado mucho tiempo y esfuerzo, por lo que anhelan disminuir las barreras para que otras personas puedan producir cine comunitario.

“Aspiro poder seguir compartiendo y gestando estos espacios en donde las personas puedan juntarse a ser creativas, aprender y llevarse herramientas que puedan usar. Para mí, eso es cine comunitario. Estamos haciendo comunidad en el proceso”, concluyó Yare.
Lo que comenzó como el Primer Junte sobre Cine Comunitario en Puerto Rico tiene la intención de expandirse al resto del Caribe. Fehimović y Sosa opinaron, en el informe, que “la sostenibilidad del cine comunitario no depende exclusivamente del financiamiento”, pues su fortaleza está ligada a las redes y potenciales colaboradores a nivel local y regional.
Más que un modo de producción, el cine comunitario nos permite pensar un país más justo; una comunidad más saludable y próspera. “Nos quitaron la posibilidad de soñar, y creo que poder soñar es lo primero que va a pompearnos para imaginar algo [distinto]”, reflexionó Colón Zayas.
Este reportaje fue realizado en colaboración con la Universidad de Newcastle, con fondos del Arts and Humanities Research Council (AHRC) del Reino Unido.



