
Aprender de la diáspora puertorriqueña a través de los boricua-mexicanos en Chicago
En el cuarto “Círculo de Memoria” de 9 Millones, puertorriqueños, mexicanos y otros residentes de Chicago reflexionaron sobre el valor de su solidaridad
Nota editorial: Este artículo es fruto de la colaboración entre 9 Millones y La Voz del Paseo Boricua, un sitio web y un periódico impreso editados por el Centro Cultural de Puerto Rico.
CHICAGO— El aire veraniego se sentía fresco y limpio en la mañana del jueves, 9 de junio, mientras los participantes recorrían el Museo Nacional de Arte y Cultura Puertorriqueños, situado en el barrio de Humboldt Park de Chicago. En el interior, una mujer —Dorian A. Ortega, psicoterapeuta y fundadora de Fly Radical Therapy— preparaba un altar con lecturas seleccionadas y con fotografías aportadas por los participantes. Un cuenco tibetano, un ramo fresco de girasoles, milenrama y lirios anaranjados adornaban el altar, junto con velas y tarjetas de meditación. Junto a él, un círculo de sillas ocupaba el centro del batey —término indígena para un lugar de reuniones y ceremonias religiosas—. La gente se reunió en este centro cultural del Barrio Borikén para participar en un Círculo de Memoria, una herramienta de historia oral desarrollada por 9 Millones para validar las experiencias de las personas. En medio del círculo había un puñado de salvia cultivada localmente, una hierba conocida por sus propiedades curativas —quizás una señal de que honrar las historias de las personas también puede ser sanador—.

9 Millones, una plataforma de noticias independiente de Puerto Rico, se alió con Fly Radical Therapy, una clínica terapéutica colectiva centrada en las personas BIPOC y LGBTQI+, para celebrar el Círculo de Memoria: Solidaridad Borimex, un espacio para recopilar historias de la diáspora puertorriqueña en Chicago. En el cuarto Círculo de Memoria de 9 Millones, puertorriqueños, mexicanos y residentes de Chicago aliados reflexionaron sobre el significado de su solidaridad.
“Parte de mi radicalización ha consistido en participar en la reforma migratoria, comprender la ley, y forjar solidaridad y colaboración con personas que llevan a cabo esta labor en favor de la justicia”, afirmó Ortega.
Espacios comunitarios como este llevan mucho tiempo proporcionando compañerismo y diálogo intencionales para nuestros nichos latinos. En especial ahora, más que nunca, dado que por primera vez en la historia, los latinos representan el 20% de la población de EE.UU., según el censo estadounidense de 2020.

En 2024, 9 Millones inició esta labor para recopilar y honrar las historias de las comunidades puertorriqueñas del archipiélago y de Estados Unidos. Los círculos piloto se celebraron en Vieques y Filadelfia, donde la Alianza de Mujeres Viequenses y el Festival de Arte y Cine de Filadelfia, respectivamente, colaboraron para recopilar experiencias educativas y fomentar diálogos intergeneracionales.
“Nuestro papel como 9 Millones no es tomar el control de la narrativa, sino comprender realmente cómo crear un ecosistema que permita a nuestras comunidades hacerse, de verdad, dueñas de sus propias narrativas… El Círculo de la Memoria es el primer paso para entender qué historias quieren contar las comunidades”, explicó Frances Medina, directora de Alianzas Estratégicas de 9 Millones.
9 Millones organizó el evento con el apoyo del programa de micro subvenciones “Rooted + Relational” del Centro de Estudios Puertorriqueños del Hunter College, el mayor instituto de investigación, biblioteca y archivo universitario dedicado a la experiencia puertorriqueña en Estados Unidos. Las micro subvenciones del Centro proporcionan fondos a organizaciones comunitarias para que profundicen en algunos de los temas sobre los que investigan.
A esta cuarta experiencia asistieron destacados activistas y organizadores comunitarios de Chicago, como la pastora Emma Lozano; Xochitl Ramírez, hija de Irma Cabrera Romero; Luis Alejandro Molina, tesorero de la Junta Directiva del Centro Cultural Puertorriqueño (PRCC); Edwin Cortés, expreso político puertorriqueño que recibió una oferta de indulto del presidente Bill Clinton en 1999; y Elvira Arellano, activista por los derechos humanos de los inmigrantes.

Antes del evento, se pidió a los participantes que trajeran fotos, historias, canciones, bailes, recetas, poemas u otras memorias personales. El ambiente estaba cargado de emoción, ya que todos esperaban con impaciencia las presentaciones. De forma intergeneracional, uno por uno compartieron un relato sobre lo que significaba para ellos la solidaridad. Algunos participantes, como Juan Calderón y Luis Alejandro Molina, incluyeron una foto personal junto con un libro publicado que destacaba su labor como activistas comunitarios y de derechos humanos con una larga trayectoria. Otras historias resaltaron aún más el activismo de Chicago a lo largo de las últimas seis décadas, incluidas las contribuciones de los Young Lords para mejorar las protecciones legales de las comunidades de inmigrantes y LGBTQIA+.
Arellano, activista de derechos humanos, recordó la época en que la comunidad puertorriqueña le ofreció refugio en la Iglesia Metodista Unida Adalberto, en la cuadra 2700 de Division Street. Arellano, de ascendencia mexicana, reflexionó detenidamente sobre los días previos a su refugio en 2006: “El 15 de agosto se cumplirán 20 años desde que me refugié en la iglesia ‘dentro del barrio puertorriqueño’. Muchos de ustedes apoyaron a mi familia y mi lucha [por la naturalización en EE. UU.]. Trabajé en Nellie’s, en el Café Colao y en Eddie’s Sandwiches. Allí fue donde aprendí sobre el sazón y el pernil puertorriqueño. Ahora sé cómo hacer carnitas con pernil, el sofrito, arroz con gandules, tostones… ¡ay, los jíbaros!”, dijo refiriéndose a los jibaritos, un bocadillo elaborado con plátano en lugar de pan, muy popular entre la diáspora puertorriqueña de Chicago.

“Bueno, esa conexión siempre coexistirá; aquí es donde aprendí lo que es la solidaridad”. La estancia de Arellano por un año, como refugiada en el Paseo Boricua, acaparó los titulares internacionales, lo que ayudó a impulsar coaliciones de inmigrantes alrededor de todo Estados Unidos.
En un viaje al pasado, mi historia incluía la lucha de una chicaguense criada en el entorno BoriMex que creció sintiendo vergüenza de niña, ya que se veía constantemente presionada a elegir una cultura frente a la otra. En última instancia, el cruce de culturas a principios de los 90, cuando mi madre, de ascendencia mexicana, trabajaba en Humboldt Park, en la residencia de ancianos Casa Central, me llevó a un proceso de exploración personal y de validación interseccional.

Alguien me había preguntado si prefería mi lado mexicano o el puertorriqueño. En el círculo, conté aquella vez en que una amiga de mi madre me dijo: “No tienes que elegir un lado. Ambas son hermosas a su manera y eso te hace única”. Tal y como compartí con el grupo, ese fue el momento en el que me sentí orgullosa de ser “Mexirricana”.
Ketty Mercedes Burgos es una trabajadora social especializada en salud comunitaria que disfruta contando historias como forma de autoexpresión y de capturar momentos auténticos. Sus intereses son acabar con las desigualdades en materia de salud a través del empoderamiento personal, ser madre de tres hijos, y competir en triatlones.



