
Este programa cumple 30 años apostando a la cultura de paz en Puerto Rico
Desde la Universidad de Puerto Rico, un programa universitario lleva casi tres décadas apostando a la cultura de paz en medio de la violencia creciente en el país
En Puerto Rico, no hay bombardeos constantes, ni sonidos de sirenas que anuncian el peligro o la urgencia de buscar refugio, como sucede en otros países. Sin embargo, en un día cualquiera, miembros del ejército estadounidense ocupan instalaciones militares en el archipiélago. Agentes federales de inmigración permanecen en el aeropuerto principal del país, o realizan redadas migratorias en comunidades donde muchas familias viven con miedo. Y las cifras oficiales de asesinatos muestran que la violencia con armas de fuego continúa siendo una constante.
“La paz es mucho más que la ausencia de guerra”, dice Anita Yudkin Suliveres, quien lleva casi 30 años educando sobre culturas de paz, en un país donde el 90% de los homicidios se cometen con armas de fuego, según el Instituto de Estadísticas.

Las cifras son alarmantes, pero no socavan el trabajo de Yudkin Suliveres. “No podemos simplemente tirar la toalla y rendirnos”, comenta la profesora, para quien la paz brinda “la posibilidad de construir otra forma de entender nuestro entorno y de relacionarnos en el entorno”.
Desde los pasillos, anfiteatros y salones de la Universidad de Puerto Rico (UPR), un grupo de docentes y estudiantes trabajan por alcanzar esa posibilidad. Aunque esta labor quizá no ha cambiado el rumbo general del país, entre líneas sobresalta un atisbo de esperanza. “Los cursos, los talleres y las conferencias repercuten en el trabajo de muchas maestras, maestros y trabajadoras sociales. Ahora, tienen herramientas para trabajar que antes no tenían”, subraya convencida de que miles de personas se han beneficiado de una labor gestada desde el recinto universitario en Río Piedras.

Yudkin Suliveres coordina la Cátedra UNESCO de Educación para la Paz, un proyecto académico que reflexiona sobre culturas de paz y derechos humanos, tanto en el archipiélago como en el contexto internacional. En los cursos, talleres, las investigaciones, charlas y colaboraciones, se discuten conflictos globales, pero el debate siempre prioriza la realidad local. Para Yudkin Suliveres, esa perspectiva implica “puertorriqueñizar la paz”, es decir, entenderla desde las formas específicas de violencia, exclusión y desigualdad que atraviesan el archipiélago.
Se movilizan por la paz
Puerto Rico tiene su propia historia de logros a favor de la paz.
Como territorio de Estados Unidos, desde inicios de 1900 fue utilizado por la Marina estadounidense para realizar prácticas militares. La Marina llegó a ocupar, por ejemplo, dos tercios del territorio de Vieques, en la década del setenta. En 1999, el asesinato del viequense David Sanes Rodríguez provocó manifestaciones multitudinarias que consiguieron el cese del bombardeo de la Marina en Vieques, el 1 de mayo de 2003.
La Cátedra tuvo un rol activo dentro de esa lucha. Su trabajo por una cultura de paz incluyó la publicación de cómics, diseño de conferencias y la exhibición de dibujos infantiles, por medio de los cuales la niñez viequense expresó cómo se sentía respecto a la presencia de la Marina. Así lo relató Lourdes Torres Santos, quien colaboró con la Cátedra mientras cursaba su maestría en Educación Especial y Diferenciada, en la UPR, en 2011.
“Eso se convirtió básicamente en una exhibición rodante, o sea, esos dibujos los llevaron a varias partes… y la Cátedra UNESCO fue un enlace a procesos concretos de denuncia, organización y acompañamiento en favor de Vieques”, mencionó la colaboradora previa de la iniciativa.
Torres Santos describe el acompañamiento en Vieques como el origen de proyectos como Buenas Prácticas de Culturas de Paz, un espacio en la página web donde reconocen prácticas generadas por educadores y educadoras en Puerto Rico para promover la convivencia en paz.
Desde 2010, la Cátedra ha publicado 47 buenas prácticas, que comprenden desde currículos para trabajar el acoso escolar, representaciones teatrales sobre la violencia, hasta talleres de escritura creativa sobre la acción en comunidad y creación de espacios para la solución pacífica de conflictos. Este año, publicará 17 prácticas adicionales. Según su página, se trata de “formas alternas de educar para la esperanza y la paz hacia un mundo de mayor justicia y equidad”.
Los retos para la paz
Pese a las buenas prácticas documentadas, la paz se enseña a contratiempo. Los años recientes se han caracterizado por conflictos internacionales como el genocidio de los palestinos en Gaza, la guerra entre Rusia y Ucrania, la guerra de Estados Unidos e Israel con Irán, y la intervención de Estados Unidos en Venezuela. En Puerto Rico, entre 2025 y lo que va de 2026, las organizaciones defensoras de los derechos humanos han denunciado la reactivación de las bases militares en el país por parte del ejército estadounidense, así como el incremento de las redadas migratorias, propiciadas por las políticas antiinmigrantes del presidente estadounidense Donald Trump.
Tanto el regreso de la milicia a las bases militares como las redadas migratorias son catalogadas por la profesora Yudkin Suliveres como una “militarización del espacio público y privado”, junto a una persistente creencia de que “todo se resuelve por la vía militar, por la vía del poder o por las armas”.
De las cárceles a la universidad
La historia de la Cátedra UNESCO de Educación para la Paz, en Puerto Rico, comenzó formalmente en 1997, cuando el entonces director general de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, pidió a la UPR crear un espacio académico dedicado a reflexionar sobre culturas de paz.
En aquellos años, el profesor, historiador y sacerdote jesuita Fernando Picó asistía a las cárceles del país e impartía clases a los confinados, incluso, sabiendo que muchos nunca recuperarían su libertad. La Cátedra UNESCO de Educación para la Paz —un proyecto que continúa en la actualidad— acogió la labor de Picó como la primera conferencia magistral.
Estas iniciativas, en las cárceles de Puerto Rico, han permitido que personas privadas de libertad cursen estudios universitarios y completen sus grados académicos.

“Era un proyecto de posibilidad. De atender el problema de violencia o de personas que en algún momento habían cometido actos de violencia”, relata Yudkin Suliveres sobre el proyecto, que comenzó con el catedrático asistiendo de manera voluntaria a las cárceles y que, ahora, con mayor apoyo, permite que los confinados asistan de manera presencial a la universidad.
Para la profesora, estos esfuerzos demuestran que la paz no se limita a detener las guerras. También implica abrir oportunidades para quienes han vivido o ejercido violencia.“Es un ejemplo de cuántas formas de violencia, exclusión, discrimen, y no participación tienen las zonas en Puerto Rico, que requieren construir otro tipo de forma de vivir en este país”, dice.
Una iniciativa en tiempos de crisis
Hoy, la cátedra UNESCO ha publicado 17 conferencias magistrales, dos antologías, y cerca de 1,500 personas han participado de su evento anual Tallereando por la Paz. Así mismo, cerca de 200 estudiantes han tomado alguno de los cursos relacionados con la paz que se imparten en la Facultad de Educación.
Sin embargo, sostener ese trabajo no siempre es fácil.
La UPR atraviesa una crisis fiscal que, a lo largo de los años, ha reducido personal, presupuesto e infraestructura académica. Aun cuando la cátedra logró extender su acuerdo formal con la UNESCO hasta 2029, los recursos siguen siendo limitados. Publicar investigaciones o sostener proyectos educativos puede tomar más tiempo del que tomaba cuando existían mayores recursos. “Lo que antes nos tardábamos un año, ahora, a veces, nos tardamos dos”, dice Yudkin Suliveres.
Pese a los retos, el proyecto persiste. “Es un trabajo sumamente valiente... a contracorriente, a contrapelo… y que ha existido y resistido todos los embates administrativos de la universidad”, afirma Torres Santos, quien anhela mayor presupuesto para este proyecto enfocado no solo en enseñar la paz, sino también en llevarla a la práctica.
Durante su participación con la Cátedra, Torres Santos observó, de primera mano, cómo la falta de presupuesto representaba un obstáculo para el proyecto.
Aun así, aseguró que, a consecuencia de la Cátedra, su labor como educadora ya no puede desligarse de los derechos humanos. De hecho, carga consigo una frase que aprendió cuando colaboraba con la iniciativa, y que hoy transmite a sus estudiantes: “La paz es el derecho de síntesis… tú no puedes hablar de paz si no tienes el resto de los otros derechos garantizados”.

Torres Santos afirma que, en la actualidad que vive el país, la búsqueda de paz requiere tomar posturas y tomar acción. “La paz no es neutral”. Por eso, siempre que puede, asiste a las actividades de la Cátedra.
Por otro lado, el trabajo es muchas veces agotador. A lo largo de los años, Yudkin lo ha llevado en conjunto con otras profesoras y profesores que se sobrecargan. “Todos nosotros tenemos nuestras responsabilidades de carga completa en la institución, además de las actividades que hacemos… Yo veo los trabajos que hacen otras instituciones y me sorprendo”, dice Yudkin.
Ha visto que, en lugares del mundo donde existen otras Cátedras, se ofrecen también cursos en línea y presenciales, y se realizan más investigaciones, pero también sabe que las universidades que lo logran cuentan con apoyo técnico, fondos y personal administrativo. De ahí que sea más difícil sostener el proyecto en la UPR.
Incluso en contra de la corriente, la profesora entiende que el trabajo no puede detenerse. Recuerda que, al momento de solicitar información o recursos sobre derechos humanos a bibliotecas en Puerto Rico, muchas veces la respuesta que recibe es: “Lo que nosotros tenemos es lo que ustedes nos han mandado”. De ahí surge la necesidad de que el trabajo perdure.
“Seguimos caminando, no porque pensemos que hemos logrado cambiar el mundo, pero seguimos en el intento porque sin educación ni siquiera hay la posibilidad de entendernos, ni de pensar en otras posibilidades”, afirma.
En un archipiélago donde la violencia ocupa titulares con frecuencia, la esperanza de esta profesora y de la Cátedra permanece en la educación de una cultura de paz, que busca la manera de filtrarse en la cotidianidad del país.
Génesis Dávila es una periodista especializada en derechos humanos y en las comunidades latinxs.



